
No se trata de moverse a otras coordenadas del mapa con ojos de turista.
No se trata de llegar, tomar fotos, hacer videos para luego subirlos a Instagram y ganar likes.
Siento que es mucho más que eso.
Es observar con el corazón. Es ver con qué ansiedad camina la gente por la calle y preguntarse: ¿soy yo así también?
Es saborear otros platos, sentir, degustar otros sabores y otros olores.
Es entender a las personas, sin importar si hablo su idioma o no. Se trata de entender mirando a los ojos.
Se trata de comprender por qué la pizza no lleva piña, o el whisky no se sirve con hielo. Y, por supuesto, los locos no llevan mayonesa.
Pero mucho más que eso, es vivir un instante como si fuéramos nativos.
Porque algunos comen cerdo, otros adoran a las vacas, otros se comen a los perros… y así.
Porque algunos se mueven a pie, otros en bicicleta, y otros en transporte público.
Es mucho más que eso.
Y, por supuesto, no importa si me muevo 10 km o 13.000 km. Las reglas son las mismas.

