En algún lugar del mundo, el transporte público no tiene control para entrar. No tiene tornos, no tiene a una persona sentada en un banco controlando a la gente para subir al transporte público y Alemania es uno de ellos.
Una realidad que se respeta. No por todos, pero para eso existen las multas y los fiscalizadores que caen de sorpresa en cualquier estación y a cualquier hora.
Así funciona este país germano. Todos sabemos que debemos comprar el boleto para viajar. Uno de ida, otro de vuelta, uno por el día (24 h), para el mes completo o una suscripción anual. Lo que necesites.
Lo compras, lo timbras y nadie te controla. Eso es lo que todos debemos hacer y así es. Sin embargo, hay gente -y la nacionalidad u origen no son un rol importante- que viajan negro. Para los que hacen esa aventura y los controlan, deben pagar una multa por 60 €. Incluso si lo compras, debes timbrarlo antes de subirte al bus, metro u otro. El timbre es lo válido siempre.
Un sistema que a pesar de que algunos no lo respeten, funciona. Además ahorras tiempo.
¿Funcionaría esto en Chile?


